Mi hija mayor, de niña, se colgaba de la mano de papá y mamá, levantaba sus piernas, se balanceaba en el aire, cuando caminábamos juntos al parque.
Ella y nuestro hijo, corrían por el césped del parque, cercano a la casa, y se daban volantines.
Hoy los perros del barrio, que no son pocos, cada familia tiene uno o dos, orinan y defecan en un parque o jardín ajeno y público, no en el propio.
Los padres piden autorización a la municipalidad para celebrar el cumpleaños de sus niños en el parque, lo autorizan, PERO, hay que tomar ahora precauciones. Algunos usan mantas para que los niños se sienten ya que el parque, indudablemente ha sido visitado por las mascotas, las que, además usan el mismo parque para correr y jugar con otras mascotas.
Se entiende el intento de evitar el contacto de sus niños con un parque no exclusivo para ellos, sin embargo, los niños son activos, se mueven, y con ellos las mantas, de modo que es inevitable tener contacto con el césped.
A la menor de nuestras hijas, le permitíamos salir a jugar con otros niños o amigos del vecindario, en un condominio con vigilancia.
¡AHORA NO! Dejamos de hacerlo cuando secuestraron a una mascota, un siberiano llamado BLUE, y luego nos enteramos que, en la ciudad donde vivíamos, habían secuestrado a un niño.
Para los niños hay riesgo que los dañen, los secuestren, los atropellen.
Los conductores de vehículos circulan a alta velocidad, no respetan los límites de velocidad establecidos para zonas residenciales ni escolares.
La prioridad no es el peatón, es el vehículo, sea motorizado o no.
Antes en la escuela había discriminación o maltrato, pero quien lo hacía, era uno que desafiaba las reglas escolares, lo delatábamos y lo castigaban, a veces con la expulsión.
Ahora es un grupo organizado, discriminador o maltratador, con poder económico, de clase social, de raza, que busca víctimas, al más callado, el de color diferente, el de diferente vestir y, al dirigir su ataque en grupo, son más crueles. El discriminado o maltratado termina por cambiar de escuela o barrio.
El grupo de poder se asume como intocable, respaldado por las autoridades de la escuela, pues sus padres aportan dinero a la misma, más que los discriminados. Lo cierto es que hay impunidad para hacer el mal desde muy temprano en la vida.
Antes dejábamos nuestras viviendas, autos o bienes con el seguro básico o sin él, volvíamos y todo lo encontrábamos intacto. Ahora debemos poner rejas, candados, seguros, alarmas de sonido o de humo.
También usamos videocámaras para ver a distancia lo que ocurre en la casa, estando lejos de ella, seguimos estando en ella de alguna forma. Nuestra mente está ocupada en ello.
Antes ejercitábamos la FE, ahora solo la RAZÓN y el TEMOR.
Antes devolvían el dinero que olvidabas recoger en la bodega o panadería, ahora se quedan con él.
Antes hablábamos con nuestros hermanos y padres, jugábamos con ellos. Ahora cada miembro de la familia tiene su propio grupo, cerrado por cierto a los otros miembros de la familia, pues los de su familia, son desconocidos para el grupo.

Cada miembro de la familia tiene su celular, sus propios juegos digitales, entre ellos y su grupo mas no con los miembros de la familia con la que vive.
A los niños los dejan con personas que son solo CUIDADORES, no EDUCADORES, los cuales, en cumplimiento de su función, distraen a los niños con TV, tablet o celular, lo que explica el retraso en el lenguaje hablado.
No interactuamos con los nuestros. La vida se ha vuelto IMPERSONAL
¡Qué lejana está la afirmación: “Los niños no necesitan más cosas. Los mejores juguetes que un niño puede tener es que, su padre o su madre, se tiren al piso a jugar con él! (Bruce Perry).

Por todo eso, ¡ERAMOS FELICES Y NO LO SABÍAMOS!

La felicidad, el bienestar, no dependía de los bienes que poseíamos: dinero, celular, sino de ¡ESTAR JUNTOS! y disfrutar de las cosas simples y significativas que teníamos.
¡ESO ERA TENER UN HOGAR FELIZ!

Dr. José Moreno Calixto
Neurólogo Pediatra
Miembro Asociado SPP
Vocal del Comité de Orientación y Educación para padres

